María Burrieza con los catequistas y profesores de Religión de la Diocesis de Zamora

La sierva de San José salmantina María Burrieza dio una conferencia esta mañana sobre la Madre Bonifacia, que será canonizada en unos días, y destacó su paso por Zamora y las claves de su espiritualidad ante los catequistas y profesores de Religión de la Diócesis.

Zamora, 1/10/11. En el marco del encuentro diocesano de catequistas y de profesores de religión, que se ha celebrado esta mañana en el Colegio “Divina Providencia” de las Siervas de San José, la religiosa salmantina María Burrieza, experta en la figura de la Madre Bonifacia Rodríguez de Castro, ha pronunciado una conferencia titulada “Madre Bonifacia o el encuentro de Dios en lo cotidiano”.
En ella, Burrieza comenzó resumiendo la biografía de la beata Bonifacia, que será canonizada el próximo 23 de octubre por Benedicto XVI, y afirmó que la fundadora salmantina “pertenece a la gente sencilla, y por eso su espiritualidad nos vale a todos”. Destacó el oficio de Bonifacia, que desde muy joven trabajó como cordonera con su madre, y en su taller se fue juntando un grupo de mujeres, que originaron la Asociación Josefina, y que con la dirección espiritual del jesuita catalán Francisco Butinyà llevaría a la fundación de la congregación de las Siervas de San José.
La conferenciante apuntó a la actualidad de una fundación que surgió en un contexto de riesgo de exclusión social y de pobreza en las mujeres trabajadoras. El clima de calumnias que hubo en torno a la Madre Bonifacia llegó al extremo de deponerla como superiora de la nueva comunidad, y al final decide solicitar un cambio de lugar al obispo de Salamanca.
“Zamora fue una etapa de gozos y de sombras para Bonifacia, porque por un lado la ciudad la acoge bien, pero recibió el gran dolor de conocer que la congregación había sido aprobada por el Papa, pero sin reconocer la comunidad de Zamora”, explicó Burrieza. Cuando la fundadora viajó a Salamanca para intentar ese reconocimiento y la reconciliación, sus propias hermanas no le abrieron la puerta. “Hasta que yo no muera no se hará la unión”, reconoció.
La Madre Bonifacia murió en 1905 en Zamora, con 68 años. “El mayor milagro para nosotras es que la hayan reconocido y, al final, sea canonizada, porque ha habido una intención clara de ocultamiento de su memoria”, explicó la experta en la fundadora. Socorro, la confidente de Bonifacia, escribió en un cuaderno todo lo relativo a los orígenes de la congregación, y junto con dos hermanas, lo escondió con unas fotos en un agujero que hicieron en la capilla de Zamora, haciéndoles jurar secreto.
Tuvo que esperarse hasta el año 1936 cuando la hermana Rosario Ferreiro, una de las conocedoras del escondite, es obligada por la superiora de la congregación para que revele el lugar. En 1941 se reconoce oficialmente a la Madre Bonifacia como fundadora de las Siervas de San José.
Lo primero que destacó María Burrieza de la espiritualidad de la Madre Bonifacia fue la centralidad de Dios, lo que le dio tanta fortaleza como demostró ante las adversidades. “Dios y su servicio, para ella están las dos cosas unidas, como aprendió de la espiritualidad ignaciana de ‘amar y servir’”, afirmó la ponente. Junto a esto, “Dios en todas las cosas, y todas las cosas en Dios, algo válido para cualquier laico… pasaba del fervor de la oración a la labor en el taller”.
La Madre Bonifacia vivió de la contemplación de la Sagrada Familia de Nazaret, y de ahí aprendió el cómo actuar con las chicas a las que servía. María Burrieza entresacó los ejemplos que pueden tomar los educadores de la vida de su fundadora para su labor actual. Y preguntó a los asistentes: “¿vosotros creéis que un trabajo enfocado como lo entendía la Madre Bonifacia habría permitido que cayéramos en la crisis que estamos viviendo?”.
El trabajo es un bien si se usa bien, y esto lo entendió y lo vivió la Madre Bonifacia, haciéndolo realidad en los Talleres de Nazaret. “La casa de Zamora hizo real la utopía que habían planteado los grandes filósofos, de trabajo compartido y de reparto de los bienes; de que el trabajo es un bien al que todos tenemos derecho a acceder”, señaló Burrieza.
¿Cómo miraba la Madre Bonifacia la realidad? Como la miraba Jesús de Nazaret, y por eso “cuando veía a las chicas, las veía transformadas. Nosotros, que tenemos a veces niños difíciles en nuestras clases, estamos tentados de tirar la toalla… cuando tendríamos que tener una mirada esperanzadora y creativa, con capacidad de transformación”.
La Madre Bonifacia pertenecerá, a partir de su canonización, a toda la Iglesia universal, no sólo a la congregación que fundó, pero más particularmente a esta ciudad de Zamora que la acogió y la quiso”, fueron las últimas palabras de la ponencia.

Álbum fotográfico del rito de envío y de la conferencia:




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